Se cumplen 10 años sin la voz de Hugo «Peche» Estévez, corazón de Buenos Aires Negro

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Mañana se cumplen 10 años de la muerte de Hugo «Peche» Estévez, cantor y compositor de Buenos Aires Negro, grupo que irrumpió en la escena porteña en 1997 con una propuesta sincera y que supo reflejar a partir de canciones como «El resentido», «Buenos días Buenos Aires» y «Arcángel Guillermo» el sentir de una parte marginal de su ciudad.

Dueño de una voz personal y un estilo único, Peche se imponía en el escenario al frente de una banda poderosa e integrada por virtuosos músicos, la cual formó junto al trompetista Ricardo Culotta, y con la que llegó a editar dos discos, «Turra vida» (2000) y «Sol del Once» (2009), este último producido por el «Chango» Farías Gómez.

«Peche escribía y cantaba como vivía y vivía como escribía, eso siempre lo hizo único y excepcional», ponderó en charla con Télam Nicolás Estévez, el mayor de sus tres hijos, quien llegó a tocar la guitarra en el escenario junto a su padre.

«Para mí, mi viejo fue lo más grande que hay, el amor más puro que jamás conocí y como artista siempre te deja rincones por descubrir; lo escucho desde que tengo noción de las cosas y al guacho siempre le descubrís algo nuevo, y no me quiero imaginar los temas y letras que hubiese hecho en todo este tiempo (y la de veces que hubiésemos tocado juntos y los asados que nos hubiésemos comido -risas-)».

«Nunca dejás de extrañarlo, en su paso fugaz por este mundo nos dejó mucha tela para cortar, y mucho que discutir, siempre ‘con los pies en las fuentes’, como decía y hacía él», agregó.

Lejos de las luces del centro, Buenos Aires Negro no pasaba desapercibida. Creció en los márgenes, a partir de una original propuesta que se caracterizó por combinar aires de tango, jazz, rock y funk.

Canciones memorables y crudas como «El resentido», «Tren» (F.C.G.S.M.). y «Sol de Once», pintaban los suburbios de una ciudad que Peche conocía muy bien desde su etapa como limpiador de vidrios.

Con una sección de vientos, batería (que en el último tiempo ejecutaba Federico Gil Solá), bandoneón, bajo y guitarras, el conjunto caminó el under porteño irrumpiendo con una nueva síntesis estética capaz de movilizar, incomodar y despertar.

Sin detener su trajinar por escenarios formales y también por festivales diversos, como aquellos que pretendían mostrar el nuevo tango y los tablados de las luchas sociales, «Peche» le escapaba a cualquier tipo de encasillamiento.

«No me importa si lo que hacemos es tango o es rock. A veces digo que es tango para enojar a los que se creen sus dueños, pero elijo que mi disco esté en una batea de rock. Ahí van los jóvenes, que son los que me interesan», comentaba el cantante en alguna entrevista.

Con sentidas palabras, Cristina Layes, su compañera, también recordó a Peche en charla con esta agencia: «Era un tipo que le escribía a la vida, a la muerte, a las cosas sencillas. Le escribía a las murgas, al tabaco, al Río de la Plata. Le escribía al tango, a las flores, al amor, a los pibes de la calle, al hambre, a la rutina. Le escribía al vino tinto, al barrio, al piano de su madre, al amor por sus hijos. Le escribía a los trenes, al obrero, al billar de su infancia. Y se escribía a sí mismo».

En el año 2000 pudieron concretar su debut discográfico con «Turra vida» y luego en 2009 el «Chango» Farías Gómez los llevó a plasmar su segundo trabajo, «Sol del Once».

El bandoneonista Pablo Yanis, compañero de ruta desde los inicios de la banda, también evocó a Peche en este aniversario: «Era el desparpajo… para reírse, para comer, para dar una opinión política, su tono de voz, su forma de hablar no pasaba desapercibida. Tanto arriba del escenario como abajo, en una charla en un bar, en un ensayo, en la vida misma. También era ternura, cuando dirigía la mirada a sus hijos, los nuestros. Alguna vez alguna mujer en un concierto le cuestionaba ‘Turra’ –canción que integra el primer álbum del grupo-, pero no leía el mensaje profundo de esa letra. Recuerdo también que un seudoartista le criticó la letra de ‘Guiso carrero’, porque en un pasaje de su letra punzante decía: ‘Conozco a los artistas de living que ven pasar la historia por su ombligo’. Peche no era provocador, era muy respetuoso, pero decía lo que pensaba, con vehemencia».

«Era auténtico, sincero. Si escuchás su música, si lees su poesía, lo ves a él, desde su más tierno infierno», subrayó el músico.

El cantor fue asesinado el 1 de octubre de 2011, a sus 48 años, en su casa del barrio de El Tropezón por una vecina que lo esperaba agazapada en el pasillo del domicilio, se le abalanzó y lo apuñaló, aparentemente, por sorpresa y sin mediar palabra. La vecina, con la que según trascendidos tenía problemas domésticos recurrentes, quedó detenida.

La última formación de la agrupación reunía a Peche y Culotta con Pablo Yanis (bandoneón), Coqui Carbonero (guitarra eléctrica), Santiago Cariboni (bajo), Federico Gil Solá (batería), Juan Pablo Di Leone (flauta), Pablo Giménez (trombón) y uno de sus hijos, Nico Estévez (guitarra acústica).

«Hugo, Peche, Dionisio en Buenos Aires. Turbina de amor. Maestro de lealtad. Artista. Gracias por tu impronta querido amigo y maestro», fueron las palabras que eligió su amigo y compañero Ricardo Culotta, para recordarlo.

Fuente Tèlam