Nathalie Léger: «A veces, nuestra única fortaleza puede ser la evasión»

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La escritora, editora y curadora francesa Nathalie Léger reconoce que escribió «Sobre Barbara Loden» (Chai Editora) a partir de una obsesión que nació en 2010 cuando conoció la historia de una mujer en la que vio un reflejo de su propia vida: la actriz y cineasta Barbara Loden, directora y protagonista de «Wanda», un film de culto convertido en bandera del feminismo, aún cuando las feministas de la época lo repudiaron por cierta pasividad del personaje que le pone el cuerpo a una de esas historias en las que triunfa la inercia y se posterga el deseo.

La historia de aquella obsesión comienza en 1970 cuando Loden cuenta la historia de Wanda en el único film que dirigió y que, además, protagoniza. Para escribir aquel guión, se inspiró en una noticia que leyó en los diarios de la época: una mujer había sido condenada por robar un banco, su cómplice estaba muerto y ella había comparecido sola ante el tribunal. Tras ser condenada a 20 años de prisión, le agradeció al juez.

Tras el estreno, Loden dio varias entrevistas y solía contarles a los periodistas cuál era el punto de la historia que más la había conmovido: ¿Qué dolor o qué imposibilidad de vivir pueden arrastrarte a desear el encierro? ¿Cómo puede una mujer sentirse aliviada al ser encarcelada?

Léger reconstruye esta historia a partir de una narradora que, en las primeras páginas del libro, cuenta que recibió un pedido para escribir la entrada correspondiente a Barbara Loden para una enciclopedia de la historia del cine. Con esa tarea como meta, inicia una investigación sobre la cineasta y sobre la película y para eso recurre a archivos, entrevista testigos, consulta a expertos y viaja a Estados Unidos para conocer las locaciones de «Wanda».

Su madre le pregunta (y ella misma se lo cuestiona) si vale la pena tanto esfuerzo para una reseña, una indagación que pareciera ir más allá del encargo puntual: ¿Para qué tanto esfuerzo? Pero para entonces, ya es tarde: la obsesión por la figura especular que forman Loden y Wanda, entre el desamparo y la inercia, ya se configuraron como una obsesión y eso se traslada al relato: «Dudo entre no saber nada y saberlo todo, escribir a condición de ignorarlo todo o escribir a condición de no omitir nada».

Entre la crítica literaria, la biografía, la memoria, la historia del cine, pero también la ficción, la autora aborda la historia de Loden pero también la inscribe en una genealogía de mujeres que, llegado el momento, deciden postergar su deseo.

Nathalie Léger nació en 1960, vive entre París y Caen y es autora de varias novelas cortas y experimentales basadas en su trabajo de investigadora y curadora. Es, además, directora del Instituto de la Memoria de la Edición, que reúne archivos y estudios relacionados con las principales editoriales francesas. Fue curadora de las últimas exposiciones del Centro Pompidou dedicadas a Roland Barthes y Samuel Beckett.

-Télam: ¿Qué cree que encuentra una mujer cuando se reconoce a sí misma en la historia de otra mujer?

-Nathalie Léger: Habría que preguntarle a cada una. Los caminos del reconocimiento son tan enigmáticos que no me animo a hablar por los demás. Escribí el libro en un intento de dilucidar este reconocimiento por mí misma, y ni siquiera estoy muy segura de haber llegado allí… Contrariamente al mito, no hay arquetipo, ni gran historia, ni generalidad en Wanda, simplemente el intento de mostrar una herida, una dificultad para vivir.

-Télam: ¿Cómo se enteró de la existencia de Barbara Loden?

-N.L.:: Como suele ocurrir, un gran descubrimiento pasa casi desapercibido. Siempre se trata de un momento banal, azaroso e inesperado. Nos estábamos quedando en la casa de unos amigos, era verano, buscábamos qué ver por la noche. Entonces, alguien encontró una película en la pequeña biblioteca de DVD: «¡Oh, Wanda! Tal fue la reacción, que le pregunté de qué trataba la película. «Es la historia de una mujer solitaria», dijo uno. «No ¡Para nada! Es un roadtrip», dijo otro. «Es una mujer que encuentra su libertad», dijo otro. «Ah no, nada de eso, es sobre una mujer que pierde las esperanzas». No había coincidencias, pero todos estuvieron de acuerdo en una cosa: era una obra maestra. Entonces, miramos Wanda todos juntos. Y de golpe ese mismo día descubrí un personaje, una actriz, una guionista y a una directora: Barbara Loden.

-T.: ¿»Wanda» es una película política?

-N.L.: Claro. Toda obra maestra es una película política. Si atendemos a la historia del cine es impactante lo siguiente: el cine más bonito del mundo siempre es político. De la tierra de Dovzhenko a Old Joy de Kelly Reichardt. Y luego, no hay que olvidar: en la época de Wanda, en 1970 (¿pero en verdad eso ha cambiado tanto?), hacer una película siendo mujer ya es hacer un gesto político poderoso.

-T.: ¿Por qué las feministas criticaron a Loden cuando se estrenó la película?

-N.L.: Porque hay una gran diferencia entre un gesto político y poético, por un lado, y un acto militante, una exigencia, la eficacia de una lucha, por el otro. La lucha no puede basarse en la ambigüedad, en el deseo de reconocimiento o en la impotencia. Pero estas son las únicas cosas que le interesan a Barbara Loden que es indudablemente una artista y, de hecho, ha sido duramente criticada.

-T.: ¿Por qué decidió contar la historia de Barbara como una forma de abordar su historia o el dolor y la melancolía de su madre?

-N.L.: Porque son iguales, porque somos iguales: inseguras, erráticas, estamos sujetas a la mirada de los demás (y no solo a los hombres), y nuestra única fortaleza suele ser la evasión. Porque el camino hacia la autoafirmación es tan largo y lleno de trampas. Porque tal vez sus sueños fueron los mismos.

Fuente Télam