Fiscalía alegó sobre el secuestro de trabajadores de Siderca en la llamada “Noche de los Tubos”

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La fiscal federal Gabriela Sosti aseguró que “al menos unos 80 trabajadores de la empresa Siderca fueron víctimas del aniquilamiento” planificado por la última dictadura cívico militar, durante el tercer tramo del alegato que expone ante el Tribunal Oral Federal número 1 de San Martín, en el marco del juicio por los crímenes de lesa humanidad cometidos en la guarnición de Campo de Mayo entre 1976 y 1978.

Sosti se refirió así a los secuestros de los trabajadores de la empresa Dálmine-Siderca y particularmente a los hechos conocidos como “La noche de los tubos” y abordó los hechos ocurridos entre agosto y octubre de 1976.

Según consignó hoy el sitio Fiscales, de la Procuración General de la Nación, la funcionaria judicial destacó en su exposición de ayer ante el Tribunal la connivencia de los dueños de aquella empresa con la dictadura, y mencionó que “al menos unos 80 trabajadores de este emporio industrial fueron víctimas del aniquilamiento”.

Sosti describió casos de violaciones y los abusos sexuales perpetrados contra las mujeres secuestradas en los centros clandestinos de detención, e indicó que “se trató de una práctica sistemática que también develaban una ideología”.

Este proceso oral y público se inició en abril de 2019 y se analizan los crímenes contra 350 víctimas, que en su mayoría eran trabajadores, trabajadoras y militantes de la zona norte de Buenos Aires, entre quienes hubo 14 mujeres embarazadas.

Sosti se centró en los secuestros de los trabajadores de la empresa siderúrgica Dálmine-Siderca -del grupo Techint-, ubicada en la localidad de Campana, y aclaró que los secuestros comenzaron antes del golpe de Estado y dio el ejemplo del obrero Armando Rodi, desaparecido el 13 de diciembre de 1975.

Sobre la responsabilidad de los dueños de la empresa, la auxiliar fiscal sostuvo que “junto a los grupos Roggio y Macri, el emporio industrial de la familia Rocca fue uno de los sectores empresariales más beneficiados política y económicamente por la última dictadura cívico militar”.

“Los trabajadores que molestaban a las empresas eran trabajadores a los que fueron aniquilando, porque reclamar por mejores condiciones laborales o mejoras salariales era motivo suficiente para el secuestro, el tormento y la desaparición”, subrayó la fiscal.

En ese sentido, remarcó que el Ejército estaba en las instalaciones de esa fábrica “hostigando, persiguiendo y secuestrando, fuera y dentro de su predio”.

Asimismo, indicó que la firma de los Rocca hizo “aportes concretos de dinero para el funcionamiento del exterminio del Área 400” del diagrama represivo de la última dictadura, y describió “el acondicionamiento de las instalaciones para el establecimiento de la Brigada de Información de Tigre, al lado de la comisaría de Campana”.

El 22 de septiembre de 1976 fueron secuestrados y desaparecidos por patotas militares en sus respectivos domicilios los trabajadores Alberto Bedia, Raúl Moreno, Armando Culzoni y Manuel Martínez, y la representante del Ministerio Público Fiscal también se refirió a los secuestros de Rubén Frutos, Nillo Agnoli, Nicolas Villaverde, Pedro García y de Jose y Rodolfo Amarilla.

Sosti consignó, además, los casos de violaciones y de abusos sexuales que se perpetraron en los centros clandestinos de detención, y citó a una de las víctimas, a quien, durante su cautiverio, el represor que la había secuestrado en su domicilio, y que le había robado la cámara de fotos de sus pertenencias, la obligó a sacarse la ropa para retratarla.

Al respecto, calificó al hecho como “abuso deshonesto” y sostuvo que era “una práctica sistemática que se verificaba a cada paso, que varió desde las bestiales violaciones a las mujeres, hasta los manoseos en las duchas, entre otras”.

En ese sentido, indicó que las violaciones sexuales y todos los abusos develaban una ideología: “Eran alimentadas no solo por la voracidad de los lascivos sino por la prepotencia de tratar a las mujeres”.

“En ese espacio de excepción (Campo de Mayo) donde imperaba la ley de las bestias, había un sistema, en el que estaban administradas las horas para producir dolor. Cuando la muerte es masiva, exige su burocracia. Los secuestros se administraban en ciertas franjas horarias, los tormentos tenían su protocolo, sus estilos, sus objetivos, sus lugares específicos y también tenían su sistema”, describió.

 

fuente telam