¡Feliz día! al circo

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Imagino mi cara y mi cuerpo como espectadora de circo: boca abierta, corazón latiendo rápido, adrenalina ante cuerpos que asombran, muchas risas que distienden y me preparan para el siguiente truco, o bien, me dejan pensando mientras mis manos aplauden fuerte y escucho mis gritos de ovación entrelazados con los de lxs otrxs espectadorxs. El circo es el arte de los cuerpos que vuelan, que se contorsionan, que realizan lo irrealizable, que parodian, critican y crean mundos extraordinarios. En ese juego con los límites de lo posible, el circo convoca al asombro y la emoción de lxs espectadorxs sin demasiada distinción de edades, clases, culturas, géneros o procedencias.

Algo de esto está en la base de la potencia del circo como arte popular. El circo conjuga, une, mezcla distintos elementos dramáticos -destrezas, trucos, imágenes, palabras, gestos, historias- bajo una carpa de hermosos colores, en una sala teatral o en un ruedo circular en una plaza pública con el objeto de asombrar, entretener, pero también con el propósito de dejar al espectador pensando. Y esto no es algo exclusivo de los «tiempos contemporáneos», más bien es algo que históricamente ha caracterizado al circo: su carácter plural, polifónico de cruce de lenguajes escénicos, de inclusión de lo diverso y de transgresión de límites.

De hecho, el 6 de octubre se festeja el día del circo en Argentina en conmemoración del nacimiento de Pepe (José) Podestá, acróbata y actor pionero de nuestro circo y teatro nacional, quien supo explotar estas cualidades del arte circense de manera asombrosa. Porque no solo fue el iniciador para fines del s. XIX de lo que hoy llamamos Circo Criollo -circo de primera parte de destrezas y técnicas circenses y segunda de drama teatral gauchesco- sino también uno de los precursores de todo un modelo de cómico rioplatense. Su payaso, «Pepino el 88», fusionaba la figura del payaso con la del payador, cantando canciones rimadas sobre temas nacionales de actualidad e incorporando la crítica social desde el humor.

El circo fue iniciado en Argentina -mucho antes que Podestá lo popularizara como lo que para muchos es el «origen» del teatro nacional- por familias que llegaron y montaron los espectáculos que ya venían haciendo en otros países. Estas familias fusionaron ese arte andariego con la cultura popular local y lo convirtieron en parte innegable de nuestra cultura nacional. Hoy en el país contamos con familias de circo de casi 200 años de tradición; familias de quinta, sexta y hasta séptima generación circense que replicaron este arte recorriendo el país, «democratizando» el derecho al arte y la cultura en cada rincón de nuestro territorio nacional, mucho antes que la palabra se ponga de moda. No sólo aportaron artistas inolvidables al teatro, la televisión, el cine y la escena cultural nacional, sino que también, en las últimas décadas, abrieron la enseñanza de lo que antes fueran secretos del circo a las nuevas generaciones y a artistas que no prevenían de la «tradicional» forma de reproducción de estas artes. De hecho, la Escuela de Circo Criollo -primera escuela de circo en el país y pionera en Latinoamérica- fue iniciada en 1980 por los inolvidables Hermanos Videla, artistas de tercera generación familiar circense.

Hoy, además de más de 60 circos itinerantes contamos en el país con numerosos espacios de enseñanza de estas artes -más de 150- desde estatales a privados y/o comunitarios, así como compañías circenses de salas, de calle, y eventos, festivales y encuentros nacionales e internacionales que crecen año a año. La diversificación, multiplicación y crecimiento del circo en los últimos años es innegable, así como el legado de estas artes como parte de nuestra historia y nuestro patrimonio cultural es indiscutible. Festejar el Día del Circo nos coloca en un lugar de reflexión. El circo de hoy -en todas sus formas de producción y reproducción y en todos sus estilos más o menos tradicionales, contemporáneos, innovadores- necesita fomento, ya sea para continuar itinerando por los pueblos, para innovar, para multiplicar espacios educativos, para recrear y/o crear estilos y formatos, para preservar memorias y proyectar futuros.

 

fuente telam