Dos emotivas joyas asiáticas le suben la vara al Festival de Mar del Plata

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(Por enviados especiales).- El siempre esperado coreano Hong Sangsoo pasó por el Festival de Cine de Mar del Plata con su último filme «In Front of Your Face», una emotiva cinta sobre una actriz en su lecho de muerte, mientras que el japonés Ryûsuke Hamaguchi hizo lo propio con la aclamada «Drive my Car», en la cual también utiliza el drama de un actor para ahondar en las penurias y esperanzas del ser humano.

Luego de su paso por el Festival de Cannes, las cintas de Hong y Hamaguchi forman parte de la Sección Autores y tienen un hilo en común: es el cine dentro del cine, en el caso del coreano, y el teatro dentro del cine, en el caso del nipón, lo que enmarca una historia que supera al arte de la actuación para centrarse en el corazón de lo humano.

La tarde de ayer no fue una cualquiera, porque en la sala de Cinema 1 del complejo Los Gallegos había que cumplir con un compromiso ineludible para el público cinéfilo: asistir a la cita casi anual con Hong Sangsoo.

Los filmes del realizador surcoreano se siguen con una devoción casi religiosa en todo el mundo y la Argentina no es la excepción, aun cuando sus detractores -que los hay- afirmen que su cine gira en torno a sí mismo y su narrativa muestre unas pocas situaciones que se repiten una y otra vez.

Lo cierto es que “In Front of Your Face”, es un paso más de Hong hacia el grado cero de ascetismo que viene transitando su filmografía en los últimos años.

La historia, claro está, es simple, se trata de Sangok (Lee Hye-young), una mujer de unos 50 años que vuelve a Corea desde los Estados Unidos, adonde vive desde hace décadas, para reencontrarse con su hermana, su sobrino y cumplir con una cita misteriosa.

A cada elemento agradable que transita la protagonista en el regreso a su país -un exquisito café con tostadas, la contemplación de unas flores, el encuentro con conocidos-, le sigue una íntima plegaria de agradecimiento, una actitud que solo registra el espectador y que abre la puerta a diferentes interrogantes.

Salir al sol, caminar por un parque, incluso fumar a escondidas, da cuenta de una actitud gozosa ante la vida. ¿El maestro coreano ocupándose de la pandemia? Es una de las interpretaciones menos arriesgadas, en tanto Sangok pasa sus días en el departamento de su hermana y una simple salida se festeja exageradamente.

Pero hay una segunda línea del relato, si se quiere el corazón de la historia, que se relaciona con el pasado de la protagonista, cuando en su juventud incursionó brevemente en la actuación y de allí la cita misteriosa, que no lo es tanto, porque enseguida se revela que va a encontrarse con un director de cine.

Y como para darle la razón a los críticos de su obra, Hong introduce al cine en el cine, otro de los tópicos ineludibles de sus películas.

Song Jaewon (Kwon Haehyo), recuerda una escena de una película y el trabajo de Sangok. Cómo cuenta ese instante, la abrumadora belleza de su descripción, es el prólogo para ofrecerle a Sangok que sea la protagonista de su próximo proyecto que será concebido pura y exclusivamente en torno a ella.

Es en esa reunión -desbordante de alcohol, cigarrillos y promesas a futuro que serán olvidadas- en donde se despliega la emoción “In Front of Your Face”, con una revelación que hará cobrar de sentido todo lo que se vio hasta ese momento.

La puesta, con cámara fija, luz natural, casi sin artilugios, son un alarde de austeridad para que, pudorosos, los sentimientos afloren y se trasladen más allá de la pantalla. Sin embargo, un giro sorprendente -otro elemento constante en Hong-, sugiere que lo visto hasta ese momento, el tono ominoso de la revelación, tal vez no sea más que un sueño e incluso un chiste demasiado extendido.

La recepción de lo visto correrá por cuenta del espectador, tragedia, comedia, o ambas, la capacidad del maestro Hong de bucear en el interior del ser humano parece inagotable.

Por su parte, el filme de Hamaguchi, basado en el cuento homónimo de Haruki Murakami, retrata las cosas no dichas y las responsabilidades no asumidas en las relaciones, sin que esto parezca un problema, hasta que aparece la desgracia.

Kafuku es un exitoso actor y profesor de teatro casado con Oto, una guionista de televisión. Entre ellos hay una relación de amor y devoción absoluta. Ella le cuenta sus guiones, él los mejora; él le consulta sobre sus papeles y ella le ayuda a memorizar e interpretar sus líneas.

La cinta está llena de lugares comunes para apuntalar la trama, pero no por eso deja de ser efectiva. Ante un viaje fallido y un regreso prematuro a su hogar, Kafuku encuentra a Oto teniendo sexo con alguien. Luego, su esposa muere y él, en un viaje a Hiroshima, conoce a una chica que tiene la misma edad que tendría su hija fallecida.

Familias disfuncionales y el rol de la mujer son una constante en el cine japonés: se puede ver en «El verano de Kikujiro» (Takeshi Kitano), «Historias de Tokio» (Yasujiro Ozu) y hasta en «Rashomon» (Akira Kurosawa).

Hamaguchi no está preocupado por los detalles de la trama. De hecho, se pueden ver varios errores, algunos de guion y otros de continuidad, pero la delicadeza para ahondar en los pesares de los personajes hace que la película pueda suceder en un universo paralelo y que se sienta empatía por el dolor y los anhelos que todos ellos muestran.

fuente telam