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El debut de Carola Reyna como productora y en el unipersonal es un impensado suceso en el Picadero

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“Okásan: Diario de una madre”, dirigida por Paula Herrera Nóbile y protagonizada por Carola Reyna, sobre un relato de la escritora Mori Ponsowy, que se presenta en el porteño Teatro Picadero, concluyó su primera serie de funciones e inicia su segundo ciclo a sala llena, en una primera doble incursión de la actriz: en el unipersonal y como productora.

“Este éxito de público que no se previó me pone en el brete de ver cómo se sigue”, confiesa Reyna durante una entrevista con Télam acerca de la historia de una madre que viaja a Japón a visitar a su hijo Matías, que dentro de la trama está cursando una beca en ese país.

La pieza está sustentada en esta puesta a través de un poderoso ejercicio de imaginación visual de la única actriz en escena, que logra encarnar en imágenes el territorio que visita, con unos pocos objetos, en una escenografía despojada. 

Gran parte del atractivo de “Okásan…” está en la reconstrucción de Oriente con escasos recursos en un escenario amplio y con un cuerpo en libre tránsito, gracias a la capacidad lúdica de Reyna, que puede masticar papel o un paraguas, como si se tratara de un manjar, y al clima que crean las proyecciones y escenografías inspiradas en iconografía y botánica japonesas. 

Al término de sus primeras ocho funciones, la obra encara un segundo ciclo que se dará los viernes 21 y 28 de julio, y el 4 de agosto, siempre a las 22 en la sala principal del teatro sito en Pasaje Santos Discépolo 1857.

“De vez en cuando le toco un brazo. Aferrada a su ropa, estoy llorando. Ahora es él quien habla por mí”, dice la madre (Okásan, en lengua japonesa) que Reyna interpreta en un largo monólogo de corriente de la conciencia, en un clima de íntima conexión con el público, en funciones de una mayoría de “grupas” –describe la intérprete-, de mujeres que colman el Picadero, en una de las sorpresas del 2023. 

“Es muy fuerte haber producido -explica la actriz-; es un momento muy importante en mi carrera-: logré por fin hacer algo autogestionado. Me coloca en otro lugar, y lo deseaba mucho. La idea de todos era que no tenía por qué explotar. Era sólo dar a conocer el espectáculo. No contábamos con que le fuera tan bien. Pero a veces, me cansa el rol de productora, y digo: ¡Que vuelva la actriz!”

Carola Reyna se lució en teatro desde principios de los 80 actuando en “La gaviota”, de Antón Chéjov –en el Teatro San Martín, dirigida por Augusto Fernándes-, y en piezas como “Tres mujeres altas” -de Edward Albee-, “La prueba” -de David Auburn-, “Panorama desde el puente” -de Arthur Miller- y “Salven al cómico” -de Marcelo Ramos-, y en los programas “El sodero de mi vida” y la sitcom “La Niñera”, que le dio un Martín Fierro a la labor de reparto. 

Este año, volvió a ser nominada, por labor de reparto en “El primero de nosotros”, de Telefe, pero el premio quedó en manos de Nancy Dupláa, por “Supernova”, de Canal 9. 

“La madre de `Okásan´ -sigue, la intérprete- extrema algo que está en casi todas las madres, y probablemente en los padres: es la cara B, algo no tan políticamente correcto. Es querer que tu hijo sea independiente, pero cuando ese hijo deja de necesitarte, es sufrirlo en lo físico. Es un proceso intransferible, a veces inconfesable”. 

En esa cuerda, la artista abunda: “Es más fácil pensar la posesión en otros vínculos, como el de pareja, pero no se espera eso de una madre. ¿Qué pretende? ¿Ser la madre pelícano que se lo devora? No, pero algo de eso tiene”.

Télam: ¿Qué otros rasgos tiene esa forma de la maternidad que se despliega en “Okásan”?

Carola Reyna: Cómo puede ser que ese pequeñísimo ser que hasta hace tan poco la madre tuvo indefenso en sus brazos parta así, tan pronto, a Japón, sin necesitar ya nada de ella. De eso trata “Okásan”.

T: Tu hijo se fue a vivir a España en una trama con semejanzas con la que se cuenta en la obra. ¿Qué te pasó como actriz al conectar con un personaje que atraviesa situaciones tan parecidas a las que vivenciaste?

CR: Bueno, por eso elegí el texto. Me llega por una íntima amiga (Sandra Durán, que terminó coproduciendo la obra), que también tiene una hija afuera. Con Sandra, la encaramos a Mori Ponsowy con temor, con nervios, en un bar. Ese mismo día terminamos las tres tomando vino en su casa. Hablamos de la vida, los hijos, el sexo, el matrimonio: era una explosión femenina hermosa, un encuentro generacional. Si encaraba otro proyecto, éste iba a quedar en el cajón. Como me dijo Claudio Tolcachir, el primero al que ofrecí la dirección: “Dale, yo no puedo hacerlo porque estoy viajando a España, pero hacete caso porque también el deseo vence”. Y yo todo el tiempo había tenido en mente a Paula Herrera Nóbile, a quien conocí haciendo “La gaviota”, con Julio Chávez, y se convirtió en mi directora.  

T: El texto plantea que llega una edad en la que se produce una fisura existencial con respecto a la maternidad. ¿Cuál es esa edad?

CR: Depende de la edad en la que te convertiste en madre, pero yo creo que son los 50, porque ahí empezás a tener a tus padres grandes. Y es como si te faltara la alegría del cachorrito. Yo tengo un perro viejo al que estoy cuidando como a un anciano, y le doy pastillas todo el día; lo guío para que no se choque porque no ve. Es una tarea ardua: lo primero es cuidar, acompañar a la vida que gestaste o adoptaste, y después es aprender a ser invisible, a estar pero no joder. Durante la preparación de la obra, todo fue un poco sui generis. Paula nos pedía que anotáramos objetos que figuran en el libro. Sandra empezó a participar de los ensayos. Zapábamos libres, con música japonesa. Cada una decía qué capítulos tenían que estar. Si lo íbamos a hacer igual, sería mejor leer el libro. A Sandra se le ocurrió incorporar tres poemas de Mori, que le dan un carácter menos realista a “Okásan” y por eso están.

T: Da la sensación de que tu registro es capaz de aligerarle el drama al personaje en alguna medida.

CR: La obra y el Oriente pedían un lenguaje “libélula”. Y tampoco está viviendo un drama; drama es otra cosa.

T: ¿Cómo hace una actriz para vivenciar reiteradamente las mismas emociones?

CR: Entrené para eso, con maestros como Carlos Gandolfo; trabajando con emociones reales, quizás no literalmente correspondidas exactamente con un momento teatral. A veces sí, otras no. Yo no hago fuerza; si no me pasa, no me pasa. Y si nadie se ríe, no pasa nada. Yo lo cuento igual. 

Fuente Tèlam

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