nsem

Un bello encuentro imaginario de García Lorca y Margarita Xirgu en “La noche se está muriendo”

Compartí esta nota a través de :

Lorena Szekely y Mario Petrosini cumplen encomiables trabajos en el escenario del pequeño teatro Crisol en la puesta “La noche se está muriendo”, que narra el encuentro imaginario de Federico García Lorca y Margarita Xirgu en el camarín de la actriz catalana el día del estreno mundial de “La casa de Bernarda Alba” en el porteño Teatro Avenida, ocho años después del fusilamiento del poeta español en Granada a manos del franquismo.

El texto creado por Martín Ortiz y que él dirige junto con Jorgelina Herrero Pons, recrea un García Lorca que solo es fantasmal en tanto regresa de la muerte para un encuentro materialmente imposible, ya que el autor de “Yerma” hace gala de una encantadora vitalidad mundana junto a una cariñosa cercanía con la Xirgu.

No hay oscuras profundidades ni solemnidades pretenciosas en este imaginario encuentro entre la actriz y el poeta que debió haberse desarrollado en la noche del 8 de marzo de 1945, cuando en el Teatro Avenida se daba a conocer “La casa de Bernarda Alba”, que el poeta granadino finalizó en vida y supo esconder de sus captores para que otros pudieran hacerla llegar años más tarde a Buenos Aires y se conociera en todo el mundo.

El tono del encuentro en el camarín, cuando aún resuenan los aplausos de la platea y antes de que la actriz parta hacia alguna de las fiestas que la esperan, es amable, familiar, afectivo, de a momentos gracioso, en otros evocativo, pero nunca lóbrego ni apesadumbrado.

Este carácter que Ortiz logra imprimir al texto y a la dirección actoral es uno de los grandes aciertos de una pieza pequeña, cercana y liberada de toda pretensión, que refrenda esta intención en la actuación de Szekely y Mario Petrosini, simple, afectuosa, de amabilidad humanizante y que se desentiende de la gravedad para transformar un encuentro materialmente imposible en una conversación amorosa de credibilidad irresistible.

Pequeñas pinceladas, manchas apenas pero logradas, del marco histórico y la vida cultural porteña aparecen en comentarios al margen: el incipiente ascenso del peronismo y las figuras luminosas de Juan Domingo Perón y Eva Duarte (“el coronel y la actriz”); el exilio en el Río de la Plata de artistas e intelectuales españoles corridos por el horror de la guerra civil y el triunfo del fascismo en España, o viejas rencillas personales, como el desaire de Jorge Luis Borges por el inmenso poeta granadino y la rivalidad de Xirgu con Lola Membrives, nombres que con peso propio dominaban la escena teatral rioplatense e ibérica en ese momento.

También la escenografía, que deja un fuera de campo para el teatro donde fue representado el estreno y propone un camarín con un diván, un biombo y una mesa frente a un espejo imaginario para armar un espacio pequeño y protegido donde los dos amigos se encuentran imprevistamente luego de la muerte de uno de ellos, suma a la puesta, al igual que un vestuario simple pero preciso y bonito.

En el amable encuentro entre Xirgu y García Lorca hay evocaciones y juegos, la cándida cercanía del afecto personal y creativo, y, también, un recorrido por algunos de los textos de otras grandes obras del dramaturgo que ponen en perspectiva la potencia desbordante de una poética hechas de materialidades reconocibles pero de alcances imprevistos.

Esta perspectiva, por momentos deslumbrante, sobre la potencia iluminadora de los textos de García Lorca, acaso a veces -como en el caso de Borges-, devaluados o dejados en el olvido de lo conocido, es otro de los hallazgos y regalos que entrega la propuesta.

“La noche se está muriendo” se puede ver todos los sábados a las 20 hasta el 29 de octubre próximoen el teatro Crisol (Malabia 611, de la ciudad de Buenos Aires); cuenta con dramaturgia de Martín Ortiz; dirección de Martín Ortiz y Jorgelina Herrero Pons; actuación de Lorena Szekely y Mario Petrosini; escenografía y vestuario de Jorgelina Herrero Pons; diseño de Iluminación de Eduardo Safigueroa y diseño de sonido de Hernán Fernández.

(Por Pedro Fernández Mouján)

Fuente Télam