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YSY A: “Espero que en el futuro otros continúen esta historia para enaltecerla lo más posible”

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El rapero YSY A, quien viene de agotar dos funciones en el mítico Obras Sanitarias y se alista otra vez para repetir el vértigo de su “show de clásicos” en otras latitudes como Uruguay y Perú, asegura que “la autogestión, el respeto, la igualdad y la superación” empujaron su inventiva como uno de los hacedores más influyentes de la escena urbana argentina en una historia que aún “se está escribiendo” y que espera que en el futuro otros la “puedan continuar” para “tratar de enaltecerla lo más posible”.

En diálogo con Télam, el creador de la ya extinta El Quinto Escalón -la competencia de freestyle callejero más influyente de habla hispana- compartió su mirada sobre el impacto cultural de un movimiento que, en diez años, se bifurcó de las plazas a las grabaciones, y de los millones de reproducciones en las plataformas digitales a los estadios: “No hay droga que se le acerque al sentimiento de amor que te contagia la gente”.

“Cuando me bajo del escenario estoy como nuevo, como un celular con cien por ciento de batería. Y es por tener a esas miles de personas cargándome de amor, energía y calor. Me podría bajar matado, pero termino extasiado y prendido fuego”, explicó Alejo Nahuel Acosta Migliarini, de 23 años.

Para YSY A, el barrio porteño de Caballito fue el epicentro de todas sus epopeyas: en el Centro Cultural El Eternauta de la calle Lobos dio sus primeros pasos en el hip-hop en una historia que luego continuaría en el Parque Rivadavia, donde gestó un semillero de talentos del cual emergieron otros como Duki, su aliado junto a Neo Pistea en las primeras giras nacionales de trap que pergeñaron juntos desde “La Mansión” que compartían sobre la calle Antezana.

Télam: ¿Te sorprende tu actualidad o se está materializando aquello que soñabas cuando empezaste con esas primeras giras junto a Duki y Neo Pistea?

YSY A: Por momentos te sorprende, porque uno siempre tiene la expectativa alta y una gran esperanza de que pasen cosas lindas. Pero de repente te bajás del escenario, te dicen que hiciste un sismo y la vida te sorprende más aún. Yo me imaginaba que iban a pasar cosas muy lindas y muy grandes, pero cada capítulo que pasa me sorprendo como si fuera un niño de cinco años. Es loco porque soy artífice de todo esto que está pasando con mi carrera, pero al mismo tiempo lo vivo como un espectador más, al igual que cuando tenía trece años y estaba con un cuaderno en una plaza. Y ahora que vengo de dos estadios explotados, ese pibito me dice “mirá lo que está pasando, ¿qué es esto?”. Por eso me la paso agradeciendo y bajando el mensaje más positivo que encuentro. Es una manera de devolver todo el amor que me dan. El otro día, por ejemplo, se pusieron a cantar “el que no salta es un inglés” cuando yo estaba con la bandera argentina envuelta en la cabeza. ¿Me iba a poner a arengar eso? No, porque eso trae más odio, más guerra y más problemas, y yo no me lo puedo permitir. Ahí los paré y les dije que “el odio no se vence con más odio”, aunque me chupen un huevo los ingleses. Vamos Argentina, pero sin generar más odio. A algunos medios parece que no les gustó y otros me aplaudieron, pero yo mi verdad se las tengo que dar como la siento.

T: ¿Qué valores del hip-hop fueron esenciales para construir tu camino?

Y: El hip hop es una cultura que de chico me enseñó mucho de la autogestión, el respeto, la igualdad y la superación. La autogestión me enseñó que podía hacer todo con mis manos y que, en partes iguales, era tanto un derecho como una obligación. Porque si podía hacerlo todo con mis manos, entonces estaba obligado a hacerlo. Después, el respeto y la igualdad en el hip hop están muy presentes; tanto si hacés ‘breakdance’, cantas rap, haces grafiti o sos DJ, siempre debe haber una unión de comunidad para que el conocimiento se pase de unos a otros. Sin tapujos para enseñar y aprender. Es obvio que no somos todos unos santos, pero a mí la cultura me bajó esta data. Y, por último, la superación: buscar todos los días ser un poco más que ayer, aunque sea un poco.

T: ¿Qué te devolvió revisitar otras tradiciones porteñas como el tango para traerlas a tu música?

Y: Me acuerdo que en la escuela muchos te dicen que hay que entender el pasado para entender el futuro, y yo soy consciente de que nací en una parte del mundo con mucha historia musical y cultural, y no se puede obviar. No nacimos en una parte donde estamos creando desde cero, acá hay más de un siglo de historia musical. Una historia que es tan importante, que me representa y que me hace muy a gusto poder traerla a estas épocas. Porque con la globalización y el internet uno va borrando lo que ya pasó. La gente mira para adelante, se asombra y todo, pero si vos entendés lo que viene pasando y trabajás adrede tanto con lo que ya pasó como con lo que está pasando, entonces seguramente se logre que sea mucho menos fortuito. A mí me pasa eso, por ahí a algún rapero de mi generación no se le hubiese pasado por la cabeza trabajar con el tango como yo. Tenía toda esa historia atrás que se me entregaba en las manos para continuarla. Yo soy re argentino y soy el único argentino de mi familia, que son todos uruguayos. Tengo el Río de la Plata en mi alma. No lo dudé, y hasta el día de hoy tengo un repertorio nuevo de música que todavía no salió que ya no sólo coquetea sino que transa con el folclore, el tango y la cuestión criolla. Lo hago tan feliz que el resultado va a terminar dando felicidad. Ya me pasó con “Traje unos tangos”, que es una de las canciones que más me marcó en mi carrera.

T: Siempre dijiste que tu vocación era “hacer historia” y ser “una leyenda” dentro de la cultura argentina. ¿Cómo imaginás ese futuro?

Y: Soy consciente de que eso se está escribiendo ahora. Siempre pensé en los artistas del rock argentino o mismo del tango que no tuvieron la posibilidad de entrar a internet para ver que estaban haciendo historia y no algo efímero. Yo estudio la historia de los músicos que estuvieron antes, algunos que ya no están vivos. Dentro de cien años, cuando ya no esté más en el mundo, va a venir otro artista que va a estar estudiando lo que yo estoy haciendo ahora para poder avanzar. Cuando Luis Alberto Spinetta hizo Pescado Rabioso, el chabón no sabía que estaba creando los cimientos de una discografía histórica que luego de su muerte se iba a seguir estudiando. Yo sí soy consciente de eso. Y es muy grato para mí aprovechar la historia de mi país para crear lo mío y pasarle la posta al que venga después. Es una cadena hermosa: agarrar la posta de los maestros que ya no están y tratar de enaltecerla lo más posible. El día que me tenga que ir sé que hice todo lo posible para que otro la pueda continuar.

(Por Javier Berro)

Fuente Télam

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