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Bienvenidos al VAR

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Confirmada la llegada del VAR a la Copa de Liga Profesional y por ende al fútbol argentino propiamente dicho, no está de más fijar posición y despejar la maleza de impugnaciones que jamás superan la barrera de una suerte de romanticismo flojo de papeles.

En principio, es sugestivo que la instrumentación de la tecnología aplicada a la Primera División haya sido anunciada para la octava fecha; esto es, una semana después que los cruces clásicos de Boca-River, Independiente-Racing, etcétera.

(Cualquier mal pensado deduciría que se trata de una ocurrencia de Pilatos).

Pero volvamos al meollo de la cuestión: el VAR, ¿es una herramienta digna de una bienvenida si no de un modo entusiasta al menos susceptible de ser aceptada de buen grado?

Definitivamente, sí, desde el momento que merece aprobación toda herramienta diseñada para reducir los márgenes de injusticia.

En un partido de fútbol puede haber unas cuantas situaciones en claroscuro, pero jamás puede haber dudas acerca de si un gol fue gol y acaso si un penal fue penal.

Lo del gol es incontrastable: sensor, reloj electrónico, lo que fuere, siempre debe de quedar claro si la pelota traspuso la línea de meta.

Y las acciones de expulsión flagrante tampoco deben quedar impunes.

¿Y las posiciones adelantadas? He aquí una de las principales dudas de este cronista: ¿deben de ser anulados los goles en los que el offside fue infinitesimal?

Sí, es cierto, el offside es un absoluto, es offside o no es offside, pero tal vez, como observó el francés Arsene Wenger en su condición de asesor de la FIFA, cabría revisar la posición adelantada “de pixel”.

En suma, en plena etapa de instalación, perfeccionamiento y consolidación, el Var está llamado a hacer del fútbol un deporte más justo y, por añadidura, mejor.

Que hasta aquí haya pecado de vicios dignos de ser señalados (por caso, criterios dispares, excesivas demoras, indiscriminación en la interpretación de los penales derivados de pelotas que pegan en la mano de un defensor), está lejos, muy lejos de robustecer la débil noción del rechazo en nombre de por supuestos principios, o por mera desconfianza.

¿Cuál es el sagrado estandarte de los detractores del VAR?

“Desnaturaliza el juego”, farfullan, dicen o gritan.

Lo que no logran explicar, o son remisos a explicar, es cuál sería el estado “natural” del fútbol.

¿Era natural la inexistencia de arqueros suplentes?

¿Era natural la imposibilidad de cambiar jugadores de campo?

¿Era natural la inexistencia de tarjetas amarilla y roja?

¿Era natural que el jugador que quedaba frente al arco rival tuviera que ser habilitado por un mínimo de tres adversarios y no por dos?

Y así podríamos seguir enumerando reglas, normas y modos que en determinado momento histórico gozaban de “naturalidad” y desde un buen día perdieron ese rango.

Bienvenido el VAR, pues, a tomar distancia de quienes en nombre de no se sabe qué reservorio de pureza, están a cinco minutos de exclamar “¡Ah, qué nostalgia. Injusticias eran las de antes!”.

fuente telam

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